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May 22 2026

SOBRE EL OFRECIMIENTO DE LA VIDA de sor Juana Inés de la Cruz para sus hermanas religiosas

SOBRE EL OFRECIMIENTO DE LA VIDA de sor Juana Inés de la Cruz para sus hermanas religiosas

Juan A. Tavárez, Alan A. Barrera, y Abjessü Valdiviezo

Abstract

En este trabajo argumentamos que gracias a la carta apostólica en forma de «Motu Proprio» Maiorem hac dilectionem sobre el ofrecimiento de la vida del Sumo Pontífice Francisco, sor Juana Inés de la Cruz cumple con el principal requisito que establece la carta apostólica para ser elevada a los altares de los santos en la Iglesia católica.

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Full Text:

«Juana Inés de la Cruz. Dios me haga santa».[1]

RESUMEN

En este trabajo argumentamos que gracias a la carta apostólica en forma de «Motu Proprio» Maiorem hac dilectionem sobre el ofrecimiento de la vida del Sumo Pontífice Francisco, sor Juana Inés de la Cruz cumple con el principal requisito que establece la carta apostólica para ser elevada a los altares de los santos en la Iglesia católica. Consecuentemente, nuestro argumento va a demostrar que la santidad de sor Juana Inés de la Cruz está arraigada en la doctrina del catecismo de Ripalda, como lo apunta su primer biógrafo el padre Diego Calleja. Asimismo, este trabajo está en deuda con aquellos Sorjuanistas que han defendido, afirmado y atestiguado acerca de la caridad evangélica[2] de sor Juana Inés de la Cruz.[3] Entre estos escritores Sorjuaninos se encuentran: el padre Diego Calleja, LIC. D. José de Jesús Cuevas, Alonso Junco, Ezequiel A. Chávez, el General Vicente Riva Palacio y Alejandro Soriano Vallès, entre otros.

INTRODUCCIÓN

En este análisis vamos a argumentar que sor Juana Inés de la Cruz ⎯es digna de ser elevada a los altares de los santos en la Iglesia católica⎯ porque cumple con las virtudes cristianas establecidas ⎯por el Sumo Pontífice Francisco⎯ en la carta apostólica en forma de «Motu Proprio» Maiorem hac dilectionem sobre el ofrecimiento de la vida. Por consiguiente, vamos a responder punto por punto a las recomendaciones de los dos primeros párrafos del Motu Proprio; como también, vamos a responder a los artículos: segundo, séptimo y décimo de la carta apostólica para demostrar que «el ofrecimiento de la vida»[4] ⎯que hizo sor Juana Inés⎯ para sus hermanas religiosas es meritorio para ser considerada para su beatificación y canonización como lo establece el papa Francisco en su carta apostólica. Para demostrar nuestro argumento ⎯que sor Juana Inés de la Cruz⎯  cumple con lo establecido en el Motu Proprio, vamos a apoyarnos en la biografía de la madre Juana por parte del padre Diego Calleja, el catecismo de Ripalda y en la obra sorjuanista de Alejandro Soriano Vallès, entre otros.

El «MOTU PROPRIO» MAIOREM HAC DILECTIONEM

El Sumo Pontífice Francisco ⎯en su carta apostólica en forma de «Motu Proprio» Maiorem hac dilectionem sobre el ofrecimiento de la vida⎯ establece una nueva vía para las Causas de los Santos. Para que una persona cristiana pueda ser considerada para su beatificación y canonización, a través de esta vía, la carta requiere que ésta exhiba ciertas virtudes cristianas. Por ende, el primer párrafo del Motu Proprio dice: «Son dignos de consideración y honor especial aquellos cristianos que, siguiendo más de cerca los pasos y las enseñanzas del Señor Jesús, han ofrecido voluntaria y libremente su vida por los demás y perseverado hasta la muerte en este propósito».[5] Para presentar la candidatura de sor Juana, para su posible beatificación y canonización, como lo establece el papa Francisco en la carta apostólica, la Décima Musa tiene que cumplir las siguientes condiciones:  

1. Si sor Juana Inés sigue los pasos y las enseñanzas del Señor Jesús.
2. Si sor Juana Inés ofrece voluntaria y libremente su vida por los demás.
3. Si sor Juana Inés persevera hasta la muerte en este propósito.

Para responder satisfactoriamente a estos tres primeros puntos del Motu Proprio, vamos a consultar la primera biografía de la madre Juana escrita por el padre Diego Calleja. También, vamos a recurrir a la descontextualización de este texto biográfico, por parte de Alejandro Soriano Vallès, para mostrar que sor Juana cumple con los primeros requisitos de la carta apostólica.

ENFERMÓ DE CARITATIVA

El padre Diego Calleja, jesuita español y amigo epistolar de la monja jerónima, es el autor de la primera biografía de sor Juana Inés de la Cruz. Esta biografía es innegablemente el documento más importante que se tiene de la vida de la madre Juana, porque aporta datos hagiográficos relevantes al Motu Proprio. El padre Calleja dice:  

En esta ferviente intimidad con Dios, tan deseable para esperar la muerte quien no la teme como fin de la vida, sino como principio de la eternidad, pasó la Madre Juana sus dos últimos años, y llegó al fin el de noventa y cinco, muy fértil para el cielo, que del convento de San Jerónimo de la ciudad de México encerró gran cosecha de purísimas almas; una fué, como aun sin el deseo lo puede esperar la razón piadosa, la de la Madre Juana Inés, que como la esposa de los Cantares en la cercanía de otras flores, enfermó de caritativa.[6] 

La afirmación del padre Calleja ⎯que sor Juana «enfermó de caritativa»[7]⎯ es una de las dos declaraciones callejanas que muestran que la monja jerónima cumple con el requisito establecido en la carta apostólica para ser declarada santa. Para demostrar nuestro argumento, nos vamos a dirigir a la obra de Alejandro Soriano Vallès (Aquella Fénix más rara) para escarbar y extraer la carga teologal depositada detrás de la delicada frase de «enfermó de caritativa»[8] por parte del padre Calleja. Soriano Vallès nos explica:

En efecto, Sor Juana, haciendo labor de enfermera al cuidado de otras monjas contagiadas por la epidemia que había entrado a su monasterio, fue asimismo presa de ella. Pero veamos cómo esta hermosa expresión de su protobiógrafo, “enfermó de caritativa”, quintaesencia la actitud pasmada de quien había ya abierto los ojos en las nieblas del misterio. Al inicio de este libro dije que toda biografía descifra la vida de una persona desde su muerte, es decir, desde la totalidad; y que sólo desde allí son legibles los datos de su trayectoria.

Pues bien, la Fénix de América no “enfermó” de caridad únicamente en el sentido de contraer el mal por haber estado efectuando labores de ayuda médica, sino principalmente porque su “enfermedad” fue la caridad, la puesta en práctica de las enseñanzas del Maestro de los hombres. Sor Juana, olvidada en aquellos días de sí misma, estaba indicando sin rastro de duda el Fin de su existencia: la interiorización del enigma absoluto, que pide incondicional entrega en aras de la más plena de las libertades: el conocimiento de la Vida íntima de Dios. Este Fin no es sólo meta, sino Origen, porque desde Él el camino se aclara y explicita, como que desde el inicio del tiempo estaba trazado. La “enfermedad” de la madre Juana se llama entonces Dios; Sabiduría amada siempre por ella, que tuvo que esperar ese instante, la frontera con la muerte, para recibir su nombre completo. Sor Juana murió siempre, incluso en el sublime estado de su Sueño, de Dios. Pero tenía que llegar hasta aquí para reconocerlo sin vacilaciones.[9]

Además, vamos a continuar consultando el texto alejandrino de Aquella Fénix más rara para responder a los primeros puntos del primer párrafo de la carta apostólica. Comenzamos:

1. Si sor Juana Inés sigue los pasos y las enseñanzas del Señor Jesús.

Respuesta: «Pues bien, la Fénix de América no “enfermó” de caridad únicamente en el sentido de contraer el mal por haber estado efectuando labores de ayuda médica, sino principalmente porque su “enfermedad” fue la caridad, la puesta en práctica de las enseñanzas del Maestro de los hombres».[10]

2. Si sor Juana Inés ofrece voluntaria y libremente su vida por los demás.

Respuesta: «Sor Juana, olvidada en aquellos días de sí misma, estaba indicando sin rastro de duda el Fin de su existencia: la interiorización del enigma absoluto, que pide incondicional entrega en aras de la más plena de las libertades: el conocimiento de la Vida íntima de Dios».[11]

3. Si sor Juana Inés persevera hasta la muerte en este propósito.

Respuesta: «La “enfermedad” de la madre Juana se llama entonces Dios; Sabiduría amada siempre por ella, que tuvo que esperar ese instante, la frontera con la muerte, para recibir su nombre completo. Sor Juana murió siempre, incluso en el sublime estado de su Sueño, de Dios. Pero tenía que llegar hasta aquí para reconocerlo sin vacilaciones».[12]

En Aquella Fénix más rara, Soriano Vallès demuestra que la madre Juana hace «el ofrecimiento de la vida»[13] para sus hermanas por «la caridad, la puesta en práctica de lasenseñanzas del Maestro de los hombres».[14] De esta manera, sor Juana cumple con la primera frase preliminar de la carta apostólica.

DEUS CARITAS EST

En la carta encíclica Deus caritas est (Dios es amor), el papa Benedicto XVI habla sobre el concepto griego del ágape. Para Benedicto XVI: «la palabraagapé, denota sin duda algo esencial en la novedad del cristianismo, precisamente en su modo de entender el amor».[15]A posteriori, el Papa amplía la definición del amor dentro del contexto cristiano. El Papa dice: «Ahora el amor es ocuparse del otro y preocuparse por el otro. Ya no se busca a sí mismo, sumirse en la embriaguez de la felicidad, sino que ansía más bien el bien del amado: se convierte en renuncia, está dispuesto al sacrificio, más aún, lo busca».[16] Como lo explica el Papa Benedicto XVI, el amor puede entenderse como un sacrificio. Por lo tanto, la madre Juana ⎯por cuidar de sus hermanas religiosas⎯ cumple este sacrificio que exige el amor cristiano. Porque, de antemano, sabemos que sor Juana «enfermó de caritativa».[17] En Sor Juana Inés de la Cruz. Doncella del Verbo, Soriano Vallès explica:

La sor Juana despierta del final de la obra es, así, la mujer que ha llegado, tal vez hacia sus treinta y siete años, a una de las cimas de la vida espiritual: el reconocimiento de que en la ciencia no está la felicidad humana, lo cual es ya franquear el umbral de la sabiduría. Primero sueño aparece de este modo tan nítido no sólo como la obra personalísima de sor Juana, sino, por lo mismo, también como la marca poética del estadio espiritual superior que, desde aquel momento, es perceptible en ella y cuya conclusión será la entrega final del agapé cristiano: la vida entregada en el servicio de sus hermanas enfermas.[18]

A través de la virtud cristiana de caritas-ágape, «el ofrecimiento de la vida»[19] de la madre Juana toma su verdadero cauce. Es decir, el sacrificio de la Décima Musa es un acto de caridad. Además, una de las acepciones de la caridad en el Diccionario de la lengua española es «amar a Dios sobre todas las cosas, y al prójimo como a uno mismo».[20] Es nuestra opinión que sor Juana —por su semblanza caritativa— encarna la definición propia de la caridad. De esta forma, concluimos nuestras respuestas al primer párrafo del Motu Proprio.   

LA CARIDAD

En el segundo párrafo de la carta apostólica, la caridad se identifica como la virtud cristiana que sostiene «el ofrecimiento heroico de la vida».[21] Por consiguiente, la tesis del Motu Proprio es «el ofrecimiento heroico de la vida»[22] por medio de la caridad cristiana. Pero adentrémonos a la carta misma para apreciar mejor el sentido completo de este segundo párrafo:

Es cierto que el ofrecimiento heroico de la vida, sugerido y sostenido por la caridad, expresa una imitación verdadera, completa y ejemplar de Cristo y, por tanto, es merecedor de la admiración que la comunidad de los fieles suele reservar a los que han aceptado voluntariamente el martirio de sangre o han ejercido heroicamente las virtudes cristianas.[23]

Para mejor identificar y responder a lo determinado en el segundo párrafo del Motu Proprio, vamos a seccionarlo en los siguientes cuatro puntos: 

1. Si el ofrecimiento de vida de sor Juana es heroico.

2. Si el ofrecimiento de vida de sor Juana es sostenido por la caridad.

3. Si el ofrecimiento de vida de sor Juana expresa una imitación verdadera, completa y ejemplar de Cristo.

4. Si el ofrecimiento de vida de sor Juana es merecedor de la admiración que la comunidad de los fieles suele reservar a los que han aceptado voluntariamente el martirio de sangre o han ejercido heroicamente las virtudes cristianas.

Para responder con mayor precisión a estos cuatro puntos ya seccionados, nos vamos a referir a los testimonios de Alfonso Junco, Amado Nervo, Alejandro Soriano Vallès, Julio Jiménez Rueda y de los padres Diego Calleja y José de Jesús Cuevas. Aunque, antes de proceder con el segundo párrafo y la propia carta apostólica, tenemos una advertencia a los lectores. A continuación, el lector va a encontrar citas directas y extensas. La intencionalidad detrás de tan extensas citas es por la propia recomendación del papa Francisco.[24] Comenzamos:

1. Si el ofrecimiento de vida de sor Juana es heroico.

Respuesta: «Luego, una grave epidemia hace incursión en el convento de las jerónimas, y Sor Juana Inés —siempre luminosa de simpatía y bondad hacia sus hermanas —se obstina heroicamente en su servicio y al fin se contagia y muere. Es el 17 de abril de 1695».[25]

Respuesta: «Y así, volando en la perfección, alcanzando con el heroico esfuerzo de su espíritu la negación absoluta de sí misma, pasó la madre los dos últimos años de su existencia, y llegó a principios del de 1695, en que, según la bella frase de su biógrafo, ‘enfermó de caritativa’».[26]

Respuesta: «Siempre, pero sobre todo a partir de este momento, habrá que recordar las categóricas palabras de Calleja referentes a la naturaleza moral de nuestra heroína: ‘la caridad era su virtud reina’».[27]

2. Si el ofrecimiento de vida de sor Juana es sostenido por la caridad.

Respuesta: «Vendió sus instrumentos matemáticos y músicos que adornaban la celda y dispuso que el producto de ellos se repartiera entre los pobres. Firmó con su sangre una ratificación de los votos que había hecho al entrar al convento. Renovó su profesión de fe. Se reconcilió con el P. Antonio Núñez de Miranda, su confesor desde que era niña en la corte del Virrey, y fue tal su anhelo de perfección que el propio padre hubo de exclamar alguna vez: “Es menester mortificarla para que no se mortifique mucho, yéndola a la mano en sus penitencias, porque no pierda la salud y se inhabilite; porque Juana Inés no corre en la virtud, sino es que vuela.” Ejerció sus deberes dentro de la comunidad con eficacia, solicitud y encendida caridad. En su espíritu se había fijado indeleblemente “el muero porque no muero” de Santa Teresa de Jesús».[28]

Respuesta: «En esta ferviente intimidad con Dios, tan deseable para esperar la muerte quien no la teme como fin de la vida, sino como principio de la eternidad, pasó la Madre Juana sus dos últimos años, y llegó al fin el de noventa y cinco, muy fértil para el cielo, que del convento de San Jerónimo de la ciudad de México encerró gran cosecha de purísimas almas; una fué, como aun sin el deseo lo puede esperar la razón piadosa, la de la Madre Juana Inés, que como la esposa de los Cantares en la cercanía de otras flores, enfermó de caritativa».[29]

Respuesta:[30] «Cuando Juana vio heridas por la peste á sus hermanas, el amor que las tenia la hizo salir del retiro de su contemplacion, para lanzarse armada de su caridad al santo combate á que el cielo la llamaba. Abandonó el recogimiento de su celda, para volar á la cabecera de sus hermanas enfermas. Las pruebas tienen para las almas virtuosas, el mismo inexplicable atractivo que para el génio las dificultades, y los peligros para el valor. El contagio era tan fuerte y Juana tan querida, que todas la suplicaban que cuidase en ella la mas rica joya de la comunidad; que tomase al menos en su favor alguna precaucion, mitigando el celo y asiduidad con que practicaba una de las mas santas, pero mas difíciles obras de misericordia para con el prójimo. Estas súplicas tan llenas de afecto y de sinceridad, agradecíalas ella, mas servian solo para mas enardecer su caridad.[31] 

3. Si el ofrecimiento de vida de sor Juana expresa una imitación verdadera, completa y ejemplar de Cristo.

Respuesta: «Fue el amor y no la sabiduría, o, con mayor exactitud, la sabiduría del amor, lo que la llevó, como a su Maestro, a dar la vida por muchos».[32]

Respuesta: «Juana habia espirado. Aun no estaba velado su rostro, blanco y hermoso como un fragmento de una estátua marmórea de la antigua Grecia, cuando comenzó a despuntar la aurora del 17 de Abril de 1695, domínica del Buen Pastor, del Pastor infinitamente misericordioso que dió la vida por sus ovejas. Murió Juana el dia que celebra la Iglesia la grandeza infinita de las misericordias del Señor. Exhaló su último aliento poco antes de amanecer. Tal vez se encontraron en el espacio su alma que subia y el rocío que bajaba…..

Dios por su bondad inmensa la recibiria en su seno…..

Beati illi qui in Domino moriuntur!….»[33]

(Bienaventurados los que mueren en el Señor).

4. Si el ofrecimiento de vida de sor Juana es merecedor de la admiración que la comunidad de los fieles suele reservar a los que han aceptado voluntariamente el martirio de sangre o han ejercido heroicamente las virtudes cristianas.

Respuesta: «Repasemos, saboreándolas, las palabras de Oviedo: sor Juana Inés de la Cruz dejó «más edificada con su resolución heroica y ejemplos singulares de virtud a toda esta ciudad, de lo que la había admirado con su ingenio, escritos y talentos». «Edificar» significa, según el Diccionario de la Real Academia Española, «infundir en alguien sentimientos de piedad y virtud». De modo que esto mismo inspiró la Doncella de Nepantla a sus compatriotas, sabedores de lo que, durante años, había estado ocurriendo tras los muros del convento de San Jerónimo. Aquella favorecida naturaleza, tan elogiada por sus dotes intelectuales como querida por su afabilidad y donosura, era hogaño reverenciada en la capital novohispana a causa del género de vida con que, despreciando las honras del mundo, se había entregado totalmente a su Maestro en los demás. La Iglesia de México, por medio de su pastor y a través de la indulgencia concedida a las lectoras de la Protesta de la fe, la proponía como modelo digno de imitación. El final heroico de su vida era en realidad edificante, y lo era sobre todo a causa de la osadía de la abnegación. A sor Juana la admiraban por su caridad, raíz de las virtudes teologales».[34]

Estamos endeudados con los escritores previamente citados. Sus impecables investigaciones, escritos y sus sutiles reflexiones sobre la vida de la madre Juana han hecho posible que contestemos satisfactoriamente al primer y segundo párrafo del Motu Proprio. A continuación, presentamos los artículos: segundo, séptimo y décimo de la carta apostólica.

EL SEGUNDO ARTÍCULO DE LA CARTA APOSTÓLICA

La carta apostólica en forma de Motu Proprio contiene varios artículos. No pretendemos contestar a cada uno de ellos. Ese trabajo está más allá de nuestras posibilidades. Pero sí vamos a responder a tres de los artículos de la carta apostólica. Primeramente, vamos a comenzar con el segundo artículo. Este artículo establece lo siguiente: «El ofrecimiento de la vida, para que sea válido y eficaz para la beatificación de un Siervo de Dios, debe cumplir los siguientes criterios:»

a) ofrecimiento libre y voluntario de la vida y heroica aceptación propter caritatem de una muerte segura, y a corto plazo;

b) relación entre el ofrecimiento de la vida y la muerte prematura;

c) el ejercicio, por lo menos en grado ordinario, de las virtudes cristianas antes del ofrecimiento de la vida y, después, hasta la muerte;

d) existencia de la fama de santidad y de los signos, al menos después de la muerte;

e) necesidad del milagro para la beatificación, sucedido después de la muerte del Siervo de Dios y por su intercesión.[35]

Es necesario señalar que sor Juana no es una Sierva de Dios dentro de la Iglesia católica. Aun así, la Décima Musa cumple con la clasificación alfabética de este segundo artículo. Por ende, vamos a referirnos a los testimonios de Amado Nervo, Ezequiel A. Chávez, y del padre Calleja para mostrar que sor Juana satisface los cinco puntos de este segundo artículo. Iniciamos: 

a. Sobre el ofrecimiento libre y voluntario de la vida y heroica aceptación propter caritatem de una muerte segura, y a corto plazo.

Respuesta: «Y así, volando en la perfección, alcanzando con el heroico esfuerzo de su espíritu la negación absoluta de sí misma, pasó la madre los dos últimos años de su existencia, y llegó a principios del de 1695, en que, según la bella frase de su biógrafo, ‘enfermó de caritativa’».[36]

Respuesta: «Voló ella entonces en socorro de todas, libre, por fin, para salir de la cárcel de sí misma, y para ir más allá de sí propia, en busca de quienes la necesitaban, como fue con amorosa voluntad y dulzura infatigable, hasta enfermar y morir, a las cuatro de la mañana del día 17 de abril de 1695: dos meses después de la fecha en que su confesor, el padre Antonio, la había precedido, víctima también de la peste».[37] Respuesta: «Entró en el convento una epidemia tan pestilencial, que de diez religiosas que enfermasen, apenas convalecía una. Era (¡mal pecado!) muy contagiosa la enfermedad. La Madre Juana, de natural muy compasiva y caritativa de celo que asistía a todas, sin fatigarse de la continuidad ni recelarse de la cercanía. Decirla entonces (como tantos se lo aconsejaban) que siquiera no se acercase a las muy dolientes, era vestirla alas de abeja, para hacerla huír de las flores. Enfermó al fin, y al punto que se reconoció su peligro, se llenó convento y ciudad de plegarias y víctimas por su salud; sólo ella estaba conforme con la esperanza de su muerte que todos temían. Las medicinas fueron muy continuadas y penosas con que las sufría la Madre Juana, como elegidas y que no innovaban el estilo por penosas y continuadas, a sus penitencias. Recibió muy a punto los Sacramentos con su celo catolicísimo, y en el de la Eucaristía mostró confianza de gran ternura, despidiéndose de su esposo a más ver y presto. El rigor de la enfermedad, que bastó a quitarla la vida, no la pudo causar la turbación más leve en el entendimiento, y como amigo fiel, la hizo compañía hasta los últimos suspiros que, recibida la extremaunción, arrojaba, ya fríos y tardos; menos en las jaculatorias a Cristo y su bendita Madre, que no los apartaba ni de su mano ni de su boca. Mostró al fin cuán sobre aviso estaba en todo, respondiendo muy apropósito y con puntualidad a las oraciones de la recomendación del alma que, fenecida, restituyó la suya, no sólo con serena conformidad, pero aún con vivas señales de deseo, en las manos de su criador, a las cuatro de la mañana, en diez y siete de Abril, Dominica del Buen Pastor, año de 1695».[38]

b. Sobre la relación entre el ofrecimiento de la vida y la muerte prematura. 

Respuesta: «A la edad de 43 años, cuando se hallaba en la plenitud de la vida y cuando aun le quedaba un vasto campo que recorrer, Sor Juana Ines sucumbió, víctima de una epidemia que invadió el convento que habitaba. Su prematura muerte fué universalmente sentida por los literatos tanto de España como de México».[39]

c. Sobre el ejercicio, por lo menos en grado ordinario, de las virtudes cristinas antes del ofrecimiento de la vida y, después, hasta la muerte.

Respuesta: «Una vez le preguntaron los padres de su docta y santa familia al Padre Antonio Núñez que cómo la iba a la Madre Juana de anhelar a la perfección. Y respondió: es menester mortificarla, para que no se mortifique mucho, yéndola a la mano en sus penitencias, porque no pierda la salud y se inhabilite; porque Juana Inés no corre en virtud, sino es que vuela.                                                                              

En esta ferviente intimidad con Dios, tan deseable para esperar la muerte quien no la teme como fin de la vida, sino como principio de la eternidad, pasó la Madre Juana sus dos últimos años, y llegó al fin el de noventa y cinco, muy fértil para el cielo, que del convento de San Jerónimo de la ciudad de México encerró gran cosecha de purísimas almas; una fue, como aun sin el deseo lo puede esperar la razón piadosa, la de la Madre Juana Inés, que como la esposa de los Cantares en la cercanía de otras flores, enfermó de caritativa».[40]

d. Sobre la existencia de la fama de santidad y de los signos, al menos después de la muerte.

Respuesta: «Rogativas tocaban por su salud las campanas de los conventos, cuando ella, poco antes de que el sol saliese, murió. Primero que la aurora efímera sobre su convento y sobre la vieja capital de la Nueva España, amaneció entonces su alma en la eterna aurora; y entonces también, cuantos la habían perseguido con sus murmuraciones, con sus prevenciones, con sus injustas apreciaciones, se sintieron al cabo, vencidos. Santa, dijéronse todos; y en latín y en castellano, y en verso, y en prosa, todos la encomiaron; todos exaltaron sus dones».[41]

Respuesta: «La mayoría de los panegiristas que participaron en Fama y obras póstumas, tanto los españoles como los novohispanos, coinciden en que con su sacrificio sor Juana consiguió la vida eterna y la admiran por ello. El predicador y capellán de honor de su Majestad, arzobispo electo de Filipinas y obispo electo de Nápoles, Ignacio Muñoz de Castilblanque, un gran admirador de ella, después de referirse a su extendida fama, pondera las renuncias que hizo por amor a Dios, que le sirvieron para salvar su alma. Considera ejemplar cómo llevó su vida durante sus últimos años y concluye que “la verdadera sabiduría [es] aprovecharla para el fin que más importa.” Marcial de Benetasua Gudeman alaba de la misma manera el ingenio de sor Juana como sus virtudes, y (dirigiéndose a ella) le dice: “dichosas terminaron tus fatigas/dando gozos aquellas a la muerte”; y gracias a que obtuvo una buena muerte, la ubica en el cielo y le dice que “de su bella alma, al candor puro/quedaron luminosas las cenizas […] de la gloriosa eternidad que habitas”. Antonio Deza y Ulloa, un funcionario del Tribunal de Cuentas de México, sostiene que “más murió de entendida, que de humana” y metafóricamente la compara con un volcán en explosión, que la “gigante llama” de su amor hacia Dios logró derretir la nieve que contenía. Un poeta anónimo (supuesto amigo de Calleja), autor del soneto “Al desengaño con que murió la madre Juana Inés de la Cruz”, alaba su decisión de “desengañarse” de lo mundano para dedicarse a lo eterno. Luis Muñoz Venegas y Guzmán la imagina en el cielo y le dice: “goza, en la bienaventuranza, los bienes que tu muerte al mundo quita: dulzura, claridad, vida y bonanza.” Juan de Bolea Alvarado admira tanto la sabiduría que alcanzó para adquirir fama “heroica”, como su capacidad de “desengañarse” como las vanidades mundanas y prepararse para la muerte: “Y, pues tanto vivir sabia supiste, ¿quién duda que a morir te doctrinaste? Nuestro alentar es riesgo de la vida, más tu vida fue estudio de la muerte”. Gerónimo Monforte y Vera comparte la idea de Calleja de que fue Dios quien regresó a sor Juana al buen camino. Considera que ella estaba extraviada en el “caos de la vida”, en un “dudoso, enmarañado laberinto […], en el precipicio del mundo”, pero al oír la voz de Dios, que como Buen Pastor la llamaba, ella dejó “vida, ciencia, esperanza y siglo” para seguirlo como amante oveja».[42]

Sin embargo, Amado Nervo es quien mejor responde al cuestionamiento sobre la «existencia de la fama de santidad y de los signos, al menos después de la muerte;»[43] de sor Juana Inés de la Cruz.

Respuesta: «Es decir, que no era Sor Juana por aquel entonces una santa, si hemos de glosar las anteriores palabras (aunque se añade a renglón seguido que «la caridad era su virtud reina» y ya Ripalda se pregunta: ¿quien es ante Dios el mayor y más santo? Y se responde: «El que tenga mayor caridad, sea quien fuere.») Mas si no era una santa todavía (porque lo fué dentro del piadoso sentir de sus coetáneos en los postreros años de su vida, de los cuales haremos capítulo aparte), sí cumplía fielmente con la regla».[44]

Además, Amado Nervo es quien encuentra la profundidad semántica depositada en la expresión de «enfermó de caritativa»[45] por parte del padre Calleja en el catecismo de Ripalda. Por ende, antes de concluir con el quinto y último punto del segundo artículo, vamos a examinar el catecismo y su impacto en la joven Juana Inés y su mundo.

EL CATECISMO

El catecismo de Ripalda se publica por primera vez en el año 1591 bajo el título Catecismo de la Doctrina Cristiana por el padre Gerónimo Ripalda, S.J. El formato del catecismo es simple. Se compone en su mayoría de preguntas y respuestas. Sin ningún orden en específico, presentamos las preguntas y respuestas referente a la caridad en el catecismo de Ripalda:

P. ¿Qué cosa es Caridad?
R. Amar a Dios sobre todas la[s] cosas y al prójimo como a nosotros mismos.[46]

P. ¿Cuál de los hombres es el más santo?
R. El que tuviese mayor caridad, sea el que fuere.[47]

P. ¿Y quién tiene mayor caridad?
R. El que mejor guarda los Mandamientos.[48]

P. ¿Qué es caridad, en cuanto fruto?
R. El acto de amor de Dios y del prójimo.[49]

Recordemos, el padre Calleja hace dos declaraciones respecto a la semblanza caritativa de la monja jerónima. En la primera, el jesuita nos revela que en la madre Juana «la caridad era su virtud reina».[50] Con esta afirmación, tal vez, el padre Calleja alude a la Primera Epístola del Apóstol San Pablo a los Corintios, capítulo trece, versículo trece (1 Cor, XIII,13). En la Biblia de Jerusalén se lee:

«Ahora subsisten la fe, la esperanza y la caridad, estas tres. Pero la mayor de todas ellas es la caridad».[51]

Es decir, el padre Calleja sutilmente propone que de las tres virtudes teologales: la fe, la esperanza y la caridad, —en sor Juana Inés de la Cruz— la caridad es la mayor de sus virtudes cristianas. Con la segunda declaración, el padre Calleja afirma que la monja jerónima «enfermó de caritativa».[52] En este caso, el sacerdote jesuita apunta a la santidad de sor Juana a través de las preguntas y respuestas del catecismo de Ripalda. Por consiguiente, la intención del padre Calleja es de arraigar la santidad de sor Juana dentro de la doctrina cristiana del padre Ripalda.

EL CATECISMO DEL PADRE RIPALDA Y EL MUNDO HISPÁNICO

Por tres siglos, la doctrina cristiana de Ripalda es la que catequiza al mundo hispánico. Por ende, este catecismo tiene que ser un referente obligatorio, en cualquier estudio, sobre la vida religiosa de la madre Juana. En Dentro de la obra Imágenes de la tradición viva, Carlos Monsiváis explica:

El sacerdote jesuita Jerónimo Martínez de Ripalda nace en España en 1536 y muere en 1618. Su didáctica del cristianismo, Catecismo y exposición breve de la doctrina cristiana con un trato muy útil del orden en que el cristiano debe ocupar el tiempo y emplear el día (Burgos, 1791), se convierte con rapidez en el texto más difundido de su género en el mundo de habla Hispana. Se inicia con versos que demandan ser recitados en el templo, la casa, la soledad de la conciencia.[53]

De esta manera, las sociedades novohispanas son instruidas en la doctrina cristiana del padre Ripalda y la joven Juana no es la excepción. En su obra Humanismo y religión en Sor Juana Inés de la Cruz, Marié-Cécile Benassy-Berling comenta:

Sin embargo, se tiene la certeza moral de que Sor Juana leyó a Ripalda, al menos cuando era pequeña; no sólo se trató de una obra básica en el mundo hispánico durante varios siglos, sino que, en 1690, un jesuita mexicano hizo alusión a su gran difusión en la capital.[54]

Asimismo, en su obra titulada Sor Juana Inés de la Cruz Estudio literario dedicado a las señoras de la sociedad católica, el Dr. José de Jesús Cuevas profundiza sobre el impacto del catecismo en la formación religiosa de la joven Juana. El padre Jesús Cuevas dice: 

El libro probablemente que cavó en su inteligencia el cauce por donde comenzaron á correr sus pensamientos, fué el manual catecismo con que hace mas de dos siglos está amamantando la Iglesia católica en su santa doctrina á todos los que hablan la lengua española: ese incomparable compendio de la doctrina cristiana, escrito por el P. Ripalda, que aprobado por uno de nuestros primeros concilios para que fuera el texto de la enseñanza comun, en todos los lugares de la vasta Nueva-España, hace mas de dos siglos que se aprende en todas nuestras escuelas, y lo enseñan todas las madres à sus hijos, cuando raya en ellos la primera luz de la razon. 

Este santo librito no puede ser mencionado sin emocion muy grande; en él hemos aprendido todos á ser cristianos. Se confunde en nuestra imaginacion con los mas gratos y conmovedores recuerdos de nuestra niñez: en la memoria de todos se encuentra identificado con el tierno acento de nuestras madres, con las primeras palabras que balbutimos, con los primeros vuelcos de nuestro corazon y las primeras oraciones que pronunciaron nuestros labios. Este venerando libro es un tesoro inagotable de ciencia, de emociones y recuerdos. No solo es imperecedero por la doctrina sempiterna que contiene, sino que en sí mismo y por su forma parece destinado á llegar en olas de los siglos hasta los confines del tiempo. Sobrevivirá en el mundo aun cuando en él se pierda la dilatadísima lengua que poseemos. Es sin duda el gran libro que ha producido nuestro idioma……

Sin contar las Santas Escrituras, cuyas páginas directamente inspiradas por el Espíritu Santo no se comparan sino que se rezan, se meditan y se besan, y despues del libro de la Imitacion de Cristo, que según la expresion de Leibnitz, es el mas lleno del espíritu de Dios despues de la Sagrada Biblia, la produccion mas prodigiosa del espíritu humano, por su misma sencillez casi inspirada, es en su género, el humilde Catecismo del Padre Ripalda. Alfabeto sublime de una ciencia divina, no hay verdad revelada, social ó filosófica que en él no se contenga: quien lo posée, tiene en su poder la clave de los mas elevados conocimientos que puede alcanzar en su último vuelo el espíritu humano. El Padre Ripalda, Alberto Durer de la esencia cristiana, grabó en acero, con una delicadeza de ejecucion exquisita, los mas altos principios de la mas alta teología: miniaturista sublime de la doctrina catòlica, hizo descender hasta la débil inteligencia de los niños y el espíritu rudo de los ignorantes, las mas grandiosas y levantadas verdades de la ciencia de las ciencias. El hombre que mejor grabe este libro en su entendimiento, será el mas sábio; y el que mejor logre grabarlo con la gracia de Dios en su corazon, será el mas dichoso de los mortales, y despues de esta, poseerá en la otra vida, la bienaventuranza eterna. Si el hacer tan sencilla una doctrina tan grandiosa y sublime, no fuese el constante milagro que obra en nuestro favor la Divinidad, no se explicaría la existencia de catecismos cristianos, de los del género del escrito por el discreto y piadoso director espiritual de Santa Teresa de Jesus.

Este santo libro en el que todos hemos bebido las aguas de la verdadera vida, fué también el primero que probablemente nutrió el espíritu de Juana y sembró en él los gérmenes de verdad que mas tarde debian en ella producir tantas flores y tantos frutos. Los comentarios que en sus pláticas doctrinales haria de este sublime texto el padre Fr. Francisco Muñiz, solícito pastor de la demarcación en que vivió Juana, completarían probablemente los cimientos de su corazon y de su inteligencia. El padre Muñiz era un domínico ilustre que asistió en el año de 1651 al consistorio general que celebró en España su Orden y escribió con elogio de la ciencia y la virtud, la vida de San Francisco de Borja, uno de los generales de la Compañía de Jesus. Vuelto á su feligresía, debe haber apacentado á sus ovejas con la palabra apostólica, pronunciada en el sencillo tono de las antiguas homilías; esa elocuencia de la Iglesia primitiva, que hoy no seria tal vez suficiente para contrarestar la elocucion y los sofismas soberbios de nuestros tiempos.

Las sublimes verdades de nuestras augustas creencias, referidas por el padre Muñiz con esa sencillez conmovedora con que los antiguos Santos Padres de la Iglesia hablaban á sus tiernos rebaños, deben haber caido sobre la blanda inteligencia de Juana como el rocío del alba sobre las delicadas hojas de las flores, y dejado en ella un sello imborrable que fijara para siempre el carácter de su espíritu. Pureza de corazon y de pensamiento, elevación de alma y espiritualidad de sentimientos, pensar y sentir mucho, este fué desde que irradió su temprana razon, el singular carácter de su existencia.

Tal fué la infancia intelectual de Juana. La de su espíritu es la que debe fijar la atención, pues su biografía no puede ser la historia de una mujer; solo es y debe ser la trasparentacion de una grande alma.[55]

A través del catecismo de Ripalda, la semblanza caritativa de sor Juana toma su sentido más amplio. De esta forma, concluimos nuestro análisis sobre la influencia del catecismo en sor Juana y su mundo. Por consiguiente, retomamos a contestar la última letra de la clasificación alfabética del segundo artículo.

SIERVO DE DIOS

La quinta y última letra del segundo artículo trata sobre la «necesidad del milagro para la beatificación, sucedido después de la muerte del Siervo de Dios y por su intercesión».[56] Recordemos, sor Juana Inés no es una Sierva de Dios en la Iglesia católica. Además, el artículo treinta y seis de la carta apostólica advierte lo siguiente:


Se prohíben las solemnidades o panegíricos en las iglesias acerca de los Siervos de Dios cuya santidad de vida está aún sometida a legítimo examen. Y aun fuera de las iglesias, hay que abstenerse de cualquier acto que pueda inducir a los fieles a la falsa idea de que la investigación hecha por el Obispo sobre la vida y virtudes o el martirio o sobre el ofrecimiento de la vida del Siervo de Dios lleva consigo la certidumbre de su futura canonización.[57]

Este trabajo se adhiere a las advertencias y recomendaciones del Motu Proprio. Sin embargo, la Iglesia episcopal de la ciudad de Los Ángeles, California sí tiene a sor Juana Inés de la Cruz como sirvienta de Dios y la conmemora el 18 de abril dentro de su calendario litúrgico.[58] Así mismo, la liturgia episcopal contiene dos plegarias en honor a sor Juana. Las plegarias son las siguientes:

Rito I:
Dios Todopoderoso, Fuente de todo conocimiento, te damos gracias por el testimonio de tu sirvienta Juana Inés de la Cruz en su feroz pasión por el aprendizaje y la creatividad. Enséñanos, te suplicamos, para ser fieles administradores de nuestras mentes y corazones, para que, siguiendo su ejemplo, podamos proclamar para siempre las riquezas de tu amor interminable en Cristo Jesús nuestro Señor. A través de la misma Jesucristo que, contigo y el Espíritu Santo, vive y reina para siempre jamás. Amén.[59]

Rito II: 
Dios Todopoderoso, Fuente de todo conocimiento, le damos gracias por el testimonio de tu sirvienta Juana Inés de la Cruz en su feroz pasión por el aprendizaje y la creatividad. Enséñanos a ser fieles administradores de nuestras mentes y corazones, para que, siguiendo su ejemplo, podamos proclamar para siempre las riquezas de tu amor interminable en Jesucristo nuestro Señor. Por Jesucristo que, contigo y el Espíritu Santo, vive y reina, un solo Dios, por los siglos de los siglos.[60]

En menor medida que la Iglesia episcopal, la Iglesia católica también invoca a sor Juana Inés en su oración comunitaria del Oficio Divino. Soriano Vallès explica: 

Aunque de manera anónima, desde hace décadas la Iglesia en Hispanoamérica atesora en la devoción del Breviario (hoy llamado Liturgia de las Horas) y, consiguientemente, como parte de su plegaria pública y oficial, la poesía de Sor Juana Inés de la Cruz. Efectivamente, según me hizo notar Ana Lorenia García, en las Vísperas del 22 de agosto, día de Santa María Reina, se incluye el Himno «De hermosas contradicciones», formado por versos (ligeramente modificados) pertenecientes al número III de los Villancicos de 1679 dedicados a la Asunción de la Virgen:

De hermosas contradicciones

te vemos, Reina, adornada,

muy mujer para divina,

muy celestial para humana.

Con admiración, en ella

se ve la ley derogada,

muy humilde para Reina,

muy exenta para esclava.

Por su caudillo la tienen

las celestiales escuadras,

para combatir muy tierna,

para niña muy armada.

La dignidad de que goza

con su modestia batalla,

para mandar muy pequeña,

para humillarse muy alta.

Une en sus divinos ojos

al temor la confianza,

muy terrible para hermosa,

para espantar muy amada.

Colocada en el empíreo,

en la celestial morada,

corto solio a su grandeza,

a su humildad mucho alcázar. Amén.[61]

Además, en las redes sociales se registra en el canal digital Catholicae Academiae la siguiente nota: «Sor Juana Inés de la Cruz de nuevo en su casa: la Iglesia católica. En la víspera del natalicio de nuestra sor Juana Inés de la Cruz, el 11 de noviembre de 2023, la Iglesia católica en Wilmington, California honró a sor Juana durante sus vísperas solemnes con música barroca del Virreinato de la Nueva España».[62] Con el contenido de Catholicae Academiae damos por concluido el segundo artículo de la carta apostólica. A continuación, vamos a presentar los artículos: séptimo y décimo del Motu Proprio.

LOS ARTÍCULOS SÉPTIMO Y DÉCIMO

El artículo séptimo de la carta apostólica de forma de Motu Proprio estipula: «La causa puede ser reciente o antigua. Será reciente si el martirio o las virtudes o el ofrecimiento de la vida del Siervo de Dios pueden probarse por las declaraciones orales de testigos oculares; será antigua si las pruebas sobre el martirio o sobre las virtudes sólo pueden fundarse en fuentes escritas».[63]

A través de este trabajo, hemos presentado fuentes escritas. Por ende, la causa de la madre Juana es antigua. A continuación, el décimo artículo estipula lo siguiente: 

«tanto en las causas recientes como en las antiguas, una biografía del Siervo de Dios, de cierto rigor histórico, si la hay; o, si no la hubiera, una relación muy cuidada, compuesta cronológicamente, sobre la vida y hechos del mismo Siervo de Dios, sobre sus virtudes o sobre el ofrecimiento de la vida o sobre el martirio, sobre la fama de santidad y de milagros, sin omitir cuanto parezca contrario o menos favorable a la misma causa».[64]

Sor Juana Inés de la Cruz cuenta con dos grandes biografías. La primera es Vida por el padre Calleja publicada en el año de 1700 y la segunda es Sor Juana Inés de la Cruz. Doncella del Verbo por Alejandro Soriano Vallès publicada, por primera vez, en el año 2010. Ambas obras satisfacen el rigor histórico que exige el décimo artículo. Sin embargo, Doncella del Verbo es la biografía más completa y con mayor rigor histórico que existe sobre sor Juana en este momento. Sobre esta magistral obra, el Fondo Editorial Estado México (FOEM) dice:  

Desde su primera edición, Sor Juana Inés de la Cruz. Doncella del Verbo marcó el rumbo de los estudios dedicados a la Décima Musa. Abrió nuevas vías de investigación no sólo por el rigor con el que se aproxima a la obra de su protagonista, sino porque amplía el análisis de sus relaciones sociales y su entorno y saca a la luz numerosos documentos desconocidos. La seriedad y profundidad con que Alejandro Soriano Vallés examina tanto la vida y obra de la poetisa mexicana como el contexto cultural en que se desarrolló y las principales interpretaciones de la crítica especializada hacen de este libro no sólo la mejor biografía de sor Juana en los últimos cuarenta años, sino un indispensable instrumento para quienes, más allá de las ficciones históricas de moda, desean conocer el verdadero rostro y la época de la Fénix de América.[65]

En Doncella, Soriano Vallès argumenta a favor de la santidad de sor Juana «sin omitir cuanto parezca contrario o menos favorable a la misma causa».[66] Por esta razón, nos hemos concentrado en el trabajo de Soriano Vallès para responder a la mayoría de las condiciones que exige el Motu Proprio. Por último, nos vamos a dirigir al epígrafe del Motu Proprio para concluir con la carta apostólica. 

JUAN 15,13

Es en el epígrafe de la carta apostólica donde se encuentra el único pasaje bíblico. Éste pertenece al Evangelio según san Juan capítulo quince, versículo trece. En él, el apóstol Juan nos dice: «Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos» (Jn, 15,13).[67] Extraordinariamente, Soriano Vallès aborda esta cita joánica y completa la semblanza caritativa de sor Juana Inés. En Doncella del Verbo, Soriano Vallès explica:

¡Ah, enfermó de caritativa aquélla cuya afección había sido siempre la magnanimidad! Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos (Jn, XV,13), y sor Juana Inés de la Cruz, Esposa de Cristo, Doncella del Verbo, siendo la archivista, la contadora (y, a los ojos del mundo, mucho más: la poeta enaltecida, la intelectual laureada), se arremangó el hábito para acudir a la enfermería en auxilio de quienes penaban.[68]

Con siete años de antelación, Alejandro Soriano Vallès vaticina la carta apostólica en forma de Motu Proprio. Por ende, Doncella del Verbo y la carta apostólica se complementan. Dicho esto, Roma y la Iglesia católica en México van a encontrar ⎯en el trabajo de Soriano Vallès⎯ la documentación probatoria para beatificar y canonizar a sor Juana Inés de la Cruz.

EL LIBERALISMO MEXICANO

Hemos concluido con el análisis y las recomendaciones de la carta apostólica en forma de «Motu Proprio» Maiorem hac dilectionem sobre el ofrecimiento de la vida del Sumo Pontífice Francisco en cuestión a la beatificación y canonización de sor Juana Inés de la Cruz. Sin embargo, se debe reconocer que existen investigadores sorjuanistas, de un perfil secular y humanístico, que se oponen a la canonización de sor Juana. Entre ellos se encuentran Darío Puccini, Octavio Paz y Margo Glantz. La tesis de Puccini,[69] Paz[70] y Glantz[71] es que sor Juana ⎯no es una santa de la Iglesia católica⎯ sino una mujer perseguida y censurada por los poderosos jerarcas de la Iglesia católica. Sin embargo, la tesis de la carta apostólica es que la persona en consideración para su beatificación y canonización tiene que demostrar la virtud cristiana sobre «el ofrecimiento de la vida».[72] En este caso, la madre Juana cumple con el requisito de la carta apostólica porque ofrece su vida por la virtud cristiana de caritas-ágape (el amor al prójimo). En su texto biográfico de la monja jerónima, El Parnaso Mexicano Sor Juana Inés de la Cruz su retrato y biografía con el juicio crítico de sus obras y poesías escogidas de varios autores, el liberal e ilustrado Don Vicente Riva Palacio afirma lo dicho:

Veinte y siete años permaneció en su Convento, y en aquel mismo retiro murió, grandemente lamentada, á la edad de 44 años, víctima de su ardorosa caridad evangélica, contagiada por una peste de fiebres, que se había dejado sentir en la Capital del Virreinato, y la cual había invadido el claustro en que Sor Juana moraba. Por atender con la mayor asiduidad y el más entrañable afecto á sus hermanas de religión, hubo de sucumbir, entregando resignada su noble, ardiente y elevado espíritu al Supremo Hacedor, que de tantas y tamañas bondades la había colmado.[73]

Hermosa expresión nos deja el General Vicente Riva Palacio sobre la virtud caritativa de sor Juana «víctima de su ardorosa caridad evangélica».[74] Con esta frase del General Palacio, el liberalismo mexicano del siglo diecinueve se ordena con el pensamiento del padre Diego Calleja y el catecismo de Ripalda que sor Juana ⎯por su caridad evangélica⎯ cumple con el requisito establecido por la carta apostólica del Sumo Pontífice Francisco para su beatificación y canonización.

CONCLUSIÓN

Los testimonios del padre Diego Calleja, LIC. D. José de Jesús Cuevas, Alonso Junco, Julio Jiménez Rueda, Ezequiel A. Chávez, Vicente Riva Palacio y Alejandro Soriano Vallès que hemos citado a través de este trabajo se han escrito siglos y años antes de la publicación de la carta apostólica en forma de Motu Proprio. Por consiguiente, las citas no están manipuladas para ajustarse a las exigencias de la carta apostólica. Al contrario, el padre Diego Calleja, el catecismo de Ripalda, Vicente Riva Palacio, Alejandro Soriano Vallès y el Motu Proprio se complementan porque se concluye que «el ofrecimiento de la vida»[75] de la madre Juana es para seguir «las enseñanzas del Señor Jesús».[76] Y la enseñanza del Señor Jesús es que «Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos».[77] Y nuestra sor Juana Inés de la Cruz cumple con este mandato divino de ofrecer su vida por sus hermanas religiosas, puesto que «la caridad era su virtud reina».[78] ¡Que Dios la haga santa![79]

Autores:

Juan A. Tavárez
Compton College, California
Claremont Graduate University
Ministry of the Holy Child Inca of the Mascaypacha

Alan A. Barrera
Independent researcher of the lexicon Ojalá
Master’s in Pan-Hispanic Linguistics (Universidad de La Sabana – Colombia)
Text Correction (Universidad del Salvador – Argentina)
Bachelor of Arts in Spanish Linguistics – Cal State University Dominguez Hills
Ministry of the Holy Child Inca of the Mascaypacha

Abjessü Valdiviezo
Independent researcher and Cultural Manager
Spanish Linguistics and Literature (Laureate Education – UNITEC; Mexico – United States)
Ministry of the Holy Child Inca of the Mascaypacha

Written by hti

Notes

[1] En su profesión de fe, sor Juana firma: «Juana Inés de la Cruz. Dios me haga santa». Alejandro Soriano Vallès, Sor Juana Inés de la Cruz. Doncella del Verbo (Ciudad de México: Editorial Garabatos, 2020), 96.

[2] General Don Vicente Riva Palacio, El Parnaso Mexicano Sor Juana Inés de la Cruz su retrato y biografía con el juicio crítico de sus obras y poesías escogidas de varios autores (México, segunda edición, 1894), 13.

[3] En Sor Juana Inés de la Cruz. Doncella del Verbo, Alejandro Soriano Vallès dice lo siguiente: «A la verdadera sor Juana Inés de la Cruz, santa Esposa de Cristo, la ha defendido una minoría. Lo ha hecho contra el viento y la marea del descrédito levantados por los ídolos del comercio, los fetiches del odio antirreligioso, la propaganda ideológica y los abusivos intereses personales». Sor Juana Inés de la Cruz. Doncella del Verbo (Ciudad de México: Editorial Garabatos, 2020), 331-332.

[4] Sumo Pontífice Francisco, «Motu Proprio» Maiorem hac dilectionem sobre el ofrecimiento de la vida (La Santa Sede: L’Osservatore Romano, 2017). https://www.vatican.va/content/francesco/es/motu_proprio/documents/papa-francesco-motu-proprio_20170711_maiorem-hac-dilectionem.html

[5] Sumo Pontífice Francisco, «Motu Proprio» Maiorem hac dilectionem sobre el ofrecimiento de la vida (La Santa Sede: L’Osservatore Romano, 2017).

[6] Padre Diego Calleja, Vida de sor Juana (México: Imprenta Minerva, MCMXXXVI), 41.

[7] Calleja, Vida, 41.

[8] Calleja, Vida, 41.

[9] Alejandro Soriano Vallès, Aquella Fénix más rara. Vida de Sor Juana Inés de la Cruz (México: Nueva Imagen, 2000), 154.

[10] Soriano Vallès, Aquella Fénix,154.

[11] Soriano Vallès, Aquella Fénix,154.

[12] Soriano Vallès, Aquella Fénix,154.

[13] Sumo Pontífice Francisco, «Motu Proprio» Maiorem hac dilectionem sobre el ofrecimiento de la vida (La Santa Sede: L’Osservatore Romano, 2017).

[14] Soriano Vallès, Aquella Fénix,154.

[15] Sumo Pontífice Benedicto XVI, Deus caritas est (La Santa Sede: L’Osservatore Romano, 2005). https://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/encyclicals/documents/hf_ben-xvi_enc_20051225_deus-caritas-est.html

[16] Sumo Pontífice Benedicto XVI.

[17] Calleja, Vida, 41.

[18] Alejandro Soriano Vallès, Sor Juana Inés de la Cruz. Doncella del Verbo (Ciudad de México: Editorial Garabatos, 2020), 176.

[19] Sumo Pontífice Francisco, «Motu Proprio» Maiorem hac dilectionem sobre el ofrecimiento de la vida (La Santa Sede: L’Osservatore Romano, 2017).

[20] Diccionario de la lengua española. https://dle.rae.es/caridad?m=form

[21] Sumo Pontífice Francisco, «Motu Proprio» Maiorem hac dilectionem sobre el ofrecimiento de la vida, 2017.

[22] Sumo Pontífice Francisco, «Motu Proprio» Maiorem hac dilectionem sobre el ofrecimiento de la vida, 2017.

[23] Sumo Pontífice Francisco, «Motu Proprio» Maiorem hac dilectionem sobre el ofrecimiento de la vida, 2017.

[24] Sumo Pontífice Francisco, «Motu Proprio» Maiorem hac dilectionem sobre el ofrecimiento de la vida, 2017.

[25] Alfonso Junco, Al Amor de Sor Juana (Méjico: Editorial Jus, 1951), 27.

[26] Amado Nervo, Juana de Asbaje (Madrid: Imprenta Juan Pueyo, MCMXX), 175.

[27] Soriano Vallès, Doncella del Verbo, 284.

[28] Julio Jiménez Rueda, Sor Juana Inés de la Cruz en su Época [1651- 1951] (México D.F: Editorial Porrúa, 1951), 125.

[29] Calleja, Vida, 41.

[30] En las respuestas y citas del Sr. D. José de Jesús Cuevas, Sor Juana Inés de la Cruz, Estudio literario dedicado a las señoras de la Sociedad Católica 1651-1695 (Guadalajara: Imprenta de Rodríguez, 1872) hemos mantenido la antigua grafía castellana del autor.

[31] Sr. D. José de Jesús Cuevas, Sor Juana Inés de la Cruz, Estudio literario dedicado a las señoras de la Sociedad Católica 1651-1695 (Guadalajara: Imprenta de Rodríguez, 1872), 258.

[32] Soriano Vallès, Doncella del Verbo, 284.

[33] Cuevas, Sor Juana Inés de la Cruz,279.

[34] Soriano Vallès, Doncella del Verbo, 326-327.

[35] Sumo Pontífice Francisco, «Motu Proprio» Maiorem hac dilectionem sobre el ofrecimiento de la vida, 2017.

[36] Nervo, Juana de Asbaje, 175.

[37] Ezequiel A. Chávez, Sor Juana Inés de la Cruz. Ensayo de Psicología, (México: Editorial Porrúa, 2001), 342.

[38] Calleja, Vida, 41-42.

[39] Francisco de la Maza, Sor Juana Inés de la Cruz ante la historia: (Biografías antiguas. La Fama de 1700 Noticias de 1667 a 1892) México: Editorial, Universidad Nacional Autónoma de México, 1980), 472.

[40] Calleja, Vida, 40-41.

[41] Chávez, Ensayo de Psicología, 342.

[42] Gisela von Wobeser, Sor Juana ante la muerte (México: Editorial, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Históricas, 2021), 145-146.

[43] Sumo Pontífice Francisco, «Motu Proprio» Maiorem hac dilectionem sobre el ofrecimiento de la vida, 2017.

[44] Nervo, Sor Juana de Asbaje, 59.

[45] Calleja, Vida, 41.

[46] Padre Gerónimo Ripalda, Catecismo de la Doctrina Cristiana (Granada: Licencia Eclesiástica, 1982), 72.

[47] Ripalda, Catecismo de la Doctrina Cristiana, 73.

[48] Ripalda, Catecismo de la Doctrina Cristiana, 74.

[49] Ripalda, Catecismo de la Doctrina Cristiana, 77.

[50] Calleja, Vida, 28.

[51] Biblia de Jerusalén (Bilbao: Editorial Desclée De Brouwer, 2017), 1704.

[52] Calleja, Vida, 41.

[53] Carlos Monsiváis, Imágenes de la tradición viva (México: Editorial BBVA. Landucci. UNAM, 2005), 123.

[54] Marié-Cécile Benassy-Berling, Humanismo y religión en Sor Juana Inés de la Cruz (México: Editora Universidad Nacional Autónoma de México, 1983), 112.

[55] Cuevas, Sor Juana Inés de la Cruz,47-49.

[56] Sumo Pontífice Francisco, «Motu Proprio» Maiorem hac dilectionem sobre el ofrecimiento de la vida, 2017.

[57] Sumo Pontífice Francisco, «Motu Proprio» Maiorem hac dilectionem sobre el ofrecimiento de la vida, 2017.

[58] John Harvey Taylor, Episcopal Diocese of Los Angeles, Daily prayer: Juana Inés de la Cruz (Los Angeles: 2022). https://diocesela.org/the-bishops-blog/daily-prayer-juana-ines-de-la-cruz-2/

[59] The Episcopal Church, The Lectionary Calendar Juana Inés de la Cruz, Monastic and Theologian, 1695 (Los Angeles: 2025). https://www.episcopalchurch.org/lectionary/juana-ines-de-la-cruz/

[60] The Episcopal Church, The Lectionary Calendar Juana Inés de la Cruz, Monastic and Theologian, 1695.

[61] Soriano Vallès, Sor Juana en la plegaria de la Iglesia (Publicado 28th Agosto 2024). https://alejandrosoriano.blogspot.com/2024/08/sor-juana-en-la-plegaria-de-la-iglesia.html

[62] Abjessü Valdiviezo, Catholicae Academiae Mexican Baroque Vespers: Sor Juana Inés de la Cruz (Los Ángeles: 2023). https://www.youtube.com/@catholicaeacademiae

[63] Sumo Pontífice Francisco, «Motu Proprio» Maiorem hac dilectionem sobre el ofrecimiento de la vida, 2017.

[64] Sumo Pontífice Francisco, «Motu Proprio» Maiorem hac dilectionem sobre el ofrecimiento de la vida, 2017.

[65] FOEM Fondo Editorial Estado de México Sor Juana Inés de la Cruz. Doncella del Verbo (Estado de México: 2023). https://foem.edomex.gob.mx/libro/sor-juana-ines-de-la-cruz-doncella-del-verbo

[66] Sumo Pontífice Francisco, «Motu Proprio» Maiorem hac dilectionem sobre el ofrecimiento de la vida, 2017.

[67] Sumo Pontífice Francisco, «Motu Proprio» Maiorem hac dilectionem sobre el ofrecimiento de la vida, 2017.

[68] Soriano Vallès, Doncella del Verbo, 320.

[69] Darío Puccini, Una mujer en soledad Sor Juana Inés de la Cruz, una excepción en la cultura y literatura barroca (México Fondo de Cultura Económica, 1997).

[70] Octavio Paz, Sor Juana Inés de la Cruz o Las Trampas de la Fe (México Fondo de Cultura Económica, 1995).

[71] Margo Glantz, Sor Juana Inés de la Cruz: ¿Hagiografía o Autobiografía?, (México: Editorial Grijalbo, 1995).

[72] Sumo Pontífice Francisco, «Motu Proprio» Maiorem hac dilectionem sobre el ofrecimiento de la vida (La Santa Sede: L’Osservatore Romano, 2017).

[73] General Don Vicente Riva Palacio, El Parnaso Mexicano Sor Juana Inés de la Cruz su retrato y biografía con el juicio crítico de sus obras y poesías escogidas de varios autores (México, segunda edición, 1894), 13.

[74] Vicente Riva Palacio, El Parnaso Mexicano,13.

[75] Sumo Pontífice Francisco, «Motu Proprio» Maiorem hac dilectionem sobre el ofrecimiento de la vida, 2017.

[76] Sumo Pontífice Francisco, «Motu Proprio» Maiorem hac dilectionem sobre el ofrecimiento de la vida, 2017.

[77] «Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos» (Jn 15:13).

[78] Calleja, Vida, 28.

[79] «Dios la haga santa» hace referencia a la afirmación que sor Juana hace en su profesión de fe «Juana Inés de la Cruz. Dios me haga santa». Alejandro Soriano Vallès, Sor Juana Inés de la Cruz. Doncella del Verbo (Ciudad de México: Editorial Garabatos, 2020), 96.

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